jueves, 29 de septiembre de 2011

Ni verdes ni azules, pero aun así, me enamoré de sus ojos.

Fragilidad interior, sutil aflicción, una lagrima repentina y el deseo de no hablar. Fluye la noche y esa luna inmóvil parece saberlo todo, aunque no habla. Fluyen los días iluminados por un sol que casi ciega con su perfecta redondez, con su dolorosa distancia, con su molesta permanencia. Un día tras otro. Una noche tras otra.
No temas. No te detengas, baila hasta que se acaben las estrellas, hasta que el alba disuelva el ocaso. Rie conmigo, bromea conmigo, locos de simpatía, de amor por la vida, de fuerza y de fragilidad, de entusiasmo y de deseos. De anhelos ocultos, de sentimientos palpables, de profunda amistad, de valor fingido y de miedo atroz.
Hay algo que nadie puede apartar de mi. Algo de lo que ni siquiera puedo hablar porque no sirve de nada, no se puede ni explicar ni comprender. La falta de amor, perder el amor, el final de un amor, la fuga de un amor. Esto jamas sucedera.
Hay que elegir, decidir, y renunciar. Yo eligo tu amor, decido quedarme tu lado, y renuncio a lo demás.



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